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LA LOCALIDAD DE FARAMONTAOS CERRÓ LOS ACTOS DEL AÑO MÁS INTENSO EN HOMENAJES A MIGUEL ANGEL BLANCO

Veinte años no es nada -como asegura aquella célebre canción popularizada por Gardel-, o puede serlo todo. Así se demostró estos días con motivo del aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA. El 2017, la cifra redonda de los 20 años, volvió a poner la fecha en el primer plano de la agenda política y de la actualidad nacional a través de los medios de comunicación. Proliferaron los actos -con polémicas incluidas-, las imágenes del pasado y los debates mediáticos. Miguel Ángel Blanco volvió a serlo todo, o casi todo, para algunos al cumplirse estas dos décadas.

Sin embargo, en Faramontaos, de donde es natural la familia materna de este joven víctima del terrorismo etarra -y donde ayer se celebró el que posiblemente sea el último recuerdo de un denso calendario-, veinte años no son nada. Los pocos vecinos residentes en este pequeño núcleo del Concello de A Merca repiten cada año el mismo ritual. Van a una misa, sin parafernalias ni discursos, similar a la que el párroco oficia para el aniversario de otros vecinos finados a petición de las familias. Luego se retiran a sus casas recordándole como se recuerda a quien deja un poso cercano. Responden a la curiosidad de los medios con educación, pero acuden a la cita porque para ellos Miguel Ángel es, sobre todo, el hijo de una familia del pueblo que pasaba allí parte de sus vacaciones. Allí está enterrado y es uno de los suyos, aunque también fuera la víctima de ETA que ejerció de palanca de un revulsivo social. La misa de ayer fue para ellos igual de sentida que la del año pasado o el anterior.

La cita, también como es habitual, contó con una discreta presencia institucional encabezada por el alcalde de A Merca y el vicepresidente de la Diputación, Rosendo Fernández.

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